Manuela Roque es mi amiga, la conocí a través de este blog y luego la he conocido en persona, transcribo y me añado a esta preciosa carta de un amigo suyo que la escuchó cantar. En la página cronicasdeunpueblo se la escucha en una entrevista. Si queréis escucharla cantar hay que verla en directo, es inolvidable, sobre todo por el sentimiento que sabe transmitir.

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manuela y las dos rosas

                                                                                                                                                                                 

                                                                                                                                               De Carne y Verso - Manuela Roque

 

                               “Carta-crónica” enviada por un lector de Crónicas de un Pueblo, Ángel Vázquez Hernández

Hay personas que tienen el don de transmitir sus sentimientos. No es un don cualquiera porque, a diferencia de la descripción de un objeto o de una ley física, un sentimiento no puede representarse con palabras o símbolos. La tristeza, la alegría, el amor, el odio, la pasión, la nostalgia, la rabia... se sienten o no se sienten, pero no pueden ser explicados.

Así pues ¿Cómo puede ser transmitido aquello que ni siquiera puede ser descrito? Yo no lo sé, pero intuyo que el arte de transmitir los sentimientos reside en saber conectar no las inteligencias, sino los corazones.

Es un arte no exento de sufrimiento porque, a la par que uno abre su corazón para sacar de él todo lo que lleva dentro, todo corazón abierto queda expuesto a los dolores (aunque también a las alegrías) de los demás. Es, además, un viaje sin retorno, porque el corazón que una vez se abrió no puede volver a cerrarse, al igual que la mente que percibe una luz es incapaz de olvidarla para volver a las tinieblas, al igual que un ave que ha aprendido a volar es incapaz de limitar su espacio al existente entre los barrotes de una jaula.

Las palabras son lo de menos, el alma es lo de mas. Quien tiene las palabras pero nada que decir no dice nada: su discurso es vacío, inexistente, inerte. Quien tiene algo que decir no cesa en su búsqueda hasta encontrar las palabras. Pero, como he dicho antes, las palabras son lo de menos: solo son un vehículo para transportar los sentimientos de un corazón a otro.

Mi amiga Manuela Roque sabe como utilizar las palabras para transportar sus sentimientos. No importa que su cuerpo parezca pequeño, porque su alma no entiende de dimensiones físicas. No importa que el frío del escenario amenace su garganta, porque su canto brota de su pecho. No importa que el mundo sea duro y cruel, porque nada impide a Manuela gritarle a la cara sus mentiras.

Cuando Manuela canta... el público no escucha: el público siente lo que siente Manuela. Al igual que una cuerda de guitarra bien afinada es capaz de hacer vibrar otra por resonancia, así el alma de Manuela hace vibrar al unísono las almas de quienes la escuchan. Porque el canto de Manuela va de corazón a corazón, y es capaz de atravesar corazas de piel y huesos hasta alcanzar el alma y calentar la sangre. Y esta sensación, como tantas otras, no puede ser explicada: solo puede ser sentida.

Por eso, cuando los versos de Carlos Cano se encarnan en la voz de Manuela, suben al escenario seres reales e imaginarios, del pasado y del presente, que con sus miserias y grandezas nos enseñan a todos a ser mas humanos, a no callarnos ante la injusticia, a amar sin medida, a caminar por la vida según aquellos principios que creamos justos.

Por eso hace dos días, en un gélido Teatro Municipal de Montijo, la apasionada voz de Manuela Roque volvió a inflamar nuestros corazones mostrándonos el triunfo de aquellos que todos creen fracasados y el fracaso de los que se creen triunfadores. Nos recordó que, por muy injusto y duro que pueda parecer el mundo, carece de sentido la palabra rendirse.

Porque De carne y verso no es un espectáculo ni un disco: De carne y verso es un alegato en favor de la dignidad humana.

Ángel Vázquez Hernández