Dedicado a Bisontes que me lanzó este reto.
Cada mañana Hain visitaba los contenedores, especialmente el amarillo, era donde más objetos amables encontraba. Un día estiró sus bracitos todo lo que pudo para agarrar aquel objeto que brillaba en el interior. Sintió un dolor muy fuerte en el dedo pulgar y lo retiró lleno de sangre.
Aquella lata de sardinas vacía, la misma que le había herido, fue a partir de entonces su espejo, el que le devolvía cada mañana la imagen del niño hambriento y más tarde del hombre repleto que introducía las latas vacías con sus brazos enormes para volver a experimentar aquel pinchazo de la infancia.














13.01.07 @ 18:33