

Fue salir al balcón y encontrarme a la multitud que corría desesperada delante de la lengua de fuego. Tenía tres opciones:
a) Arrojarme sobre la masa impersonal.
b) Encerrarme en la casa para no verlo.
c) Bajar y unirme a ellos.
Opté por la última y la lengua de fuego me engulló como a todos los demás













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01.10.06 @ 06:24