Creo que a veces experimentamos sensaciones ancestrales, transmitidas de generación en generación, que sentimos propias aunque las pensemos necias y absurdas.

A veces cierro los ojos con la impresión de las AGUAS FRÃAS DE UN RÃO, de un lugar donde nunca he estado fisicamente, no sé si es una premonición del futuro o un sueño del pasado. De ahà la ocurrencia repentina del nombre de mi bitácora.

¿Por qué elegà el nombre de HERODOTO? Fue el primero que se me ocurrió. El de Ribera fue meditado, quise que fuera femenino y que tuviera algo que ver con el rÃo. Pero Herodoto me sigue tirando, me gusta cuando Hestevan me llama Herodoto.
En los ENCIERROS DE TOROS nos unimos varias generaciones de la familia, madrugamos en domingo, esperamos pacientemente, y sentimos un hormiguillo en el cuerpo cuando se oyen los gritos de la gente, cuando se acercan los animales. ¿Por qué saltamos de la cama al escuchar la fanfarria, el pasacalles matutino, los cohetes que anuncian el festejo?
Las bitácoras de GERARDO, de BISONTES y de RUIDERA me producen esa misma sensación, me atrae del primero su afición por la antropologÃa y por los lugares mágicos que describe. De Ruidera me fascina la pasión por una aficción no útil. Del último la imagen de los bisontes en uno de los primeros post que escribió.
Son sensaciones extrañas que no logro explicar y que me recuerdan los cuentos infantiles, las historias de hadas, de seres legendarios, de bosques encantados y de frÃos rÃos que nunca he conocido. De mundos fuera de éste, del espacio infinito, de la charca, de la sabana, de la luz y la sombra, de las estrellas.













28.09.06 @ 23:02