
En la región de Lichburt, cerca del gran lago helado, vivía un hermoso niño llamado Brane, su padre lo quería tanto que no le permitía nunca apartarse de su lado, ni siquiera escuchar el sonido del viento, por si le incitaba a marcharse.
Brane lamentó siempre el día en que al percibir el suave vaiven del agua en la orilla, cuando introdujo los pies en el agua, el frío intenso sacudió sus piernas y le obligó a volver sobre sus pasos.
Ya nunca pudo desprenderse de la tibia sábana con que su madre le arropaba cada mañana













15.05.06 @ 17:39