Allá por el año 2492, los supervivientes habitaban en cavernas.
La Naturaleza se había rebelado contra la especie dominante, enviando numerosos ejercitos de minúsculos soldados: plagas de insectos, lluvias de polen y virus impredecibles. Las enfermedades inmunológicas, las alergias, la polución y el Sol eran enemigos implacables que atacaban sin piedad a toda la humanidad.
En la superficie, nivel superior de las cuevas, vivían los barios, poderosos que se habían hecho con ropas y edificios de materiales aislantes, con los medios tecnológicos y con los escasos alimentos que aun no eran tóxicos y que se fabricaban especialmente para ellos.
Mientras, en el nivel inferior, se subsistía con cultivos de diversos hongos, algas y frutos silvestres, que algún atrevido conseguía en el exterior para luego traficar con ellos.
La vida era casi imposible allí abajo.
Las relaciones humanas eran mínimas, solamente para buscar la subsistencia. Nadie tenía hijos. Se habían acostumbrado a las relaciones homosexuales para no tener descendencia.
En estas circunstancias, por la primavera, apareció Siramar en la cueva, era una mujer de piel oscura que enseguida fue aceptada en el grupo de saqueadores de la superficie. Pronto congenió con Alberit un hombre que planeaba cada acción de sus compañeros minuciosamente.
En cuanto se conocieron, algo inundó su mundo, no deseaban más que permanecer juntos cada momento, sus miradas significaban más de lo que se escuchaba. En la oscuridad cuando nadie les observaba, se acercaban uno al otro, acariciándose y manteniendo aquellas formas de amar de sus padres que ahora nadie comprendía.
Y de esta manera comenzaron a sentir la necesidad de sobrevivir para seguir juntos en aquel mundo sin esperanzas.
Se rumoreaba que algunos pobladores de distintas cavernas del planeta utilizaban los medios tecnológicos del nivel superior para comunicarse entre sí, que pretendían conseguir la fuerza necesaria para vencer a los barios y repartir los medios materiales que éstos poseían.
Aquella noche, Alberit lo planeó y Siramar, separándose del grupo, accedió a un gran edificio repleto de ordenadores.
Estaban todos encendidos y conectados. Recordó haber leído como se manejaban, introdujo sus datos: Alberit, Osiaramar, Mayo, 2492.
Ante sus ojos apareció una historia escrita por una tal Ribera con fecha 30 de Mayo de 2006. Era su historia, pero terminaba cuando ella llegaba a aquel edificio de la salida superior.
De pronto escuchó pasos y se precipitó a escribir con el más puro estilo Yoda:
A QUIEN LEER ESTO PUEDA
Y EN LUGAR CUALQUIERA DEL MUNDO ESTÉ:
CON ALBERIT SIARAMAR SOY
ATRAPADOS EN EL PLANETA ESTAMOS,
CON NOSOTROS NATURALEZA ACABANDO ESTÁ
SI SOLUCION ALGUIEN ENCONTRARA UNA,
CON IMPACIENCIA ESPERAMOS LA,
UNOS DÍAS PASADOS A BUSCARLA VOLVERÉ.

















