
He pasado dos días sin sentarme frente al ordenador, casi sin sentarme frente a nada, de viaje, andando, corriendo, viendo caer la nieve, deslizandome por pendientes mientras chillaba, rodeada de gente, disfrutando. Cuando llegué a casa pensé cuanto se disfruta cuando te sientes libre y al aire.
Luego sin prisas me leí un libro que le han recomendado en el colegio a mi hija "Los caballos de mi tío" de Gonzalo Moure. Conseguí disfrutar otra vez como si estuviera libre, pero ahora al amor de la lumbre.
Un niño de diez años nos traslada a los veranos en la casa de sus tíos en Asturias, habla de los animales y sobre todo de los caballos como de gente; el niño se encarga de cuidar de los caballos y de paso los va conociendo.
Su tío le explica como piensan, como leen los signos de otros, cuando ríen y lloran, como se sabe cuando están de buen o mal humor..le dice también que los caballos si pudieran elegir no elegirían la cuadra sino las verdes praderas.
El personaje de la tía es muy especial, no quiere saber nada de caballos encerrados, ni siquiera de montarlos y le cuenta un episodio de caballos salvajes de los que dejan en el monte como si estuvieran libres. Los caballos creían que eran libres, pero los tratantes y su dueño los llevaban apuntados en su libreta, con el día de su muerte al lado.
La yegua se llama Gioconda y su hijo Leonardo.
Ya digo es un libro precioso. Yo como soy muy tonta, pienso que la libertad tiene grados y procuro disfrutar del mayor grado posible de salidas de la cuadra, aunque tenga la fecha del final apuntada













27.02.06 @ 21:23